Ricardo Gadea Acosta
En este momento crucial, cuando renacen los viejos fantasmas de la violencia fratricida, el golpe militar y la dictadura fascista en nuestra patria, es necesario ratificar, con total firmeza, que esta crisis no ha sido provocada por la inmensa mayoría de peruanos pobres y explotados por el sistema capitalista y su modelo neoliberal. Ni las víctimas del capitalismo salvaje ni la izquierda somos los causantes del descalabro del país.

La culpa es de la derecha vendepatria
La responsabilidad histórica de la crisis es de la angurrienta burguesía criolla que nunca ha querido implementar políticas económico-sociales que permitan el progreso y el respeto de los derechos de los peruanos y peruanas de a pie. Nunca fueron una clase dirigente ni una burguesía capitalista con una propuesta de desarrollo del país. Apenas son grupos de poder económico prendidos de la teta del Estado, satisfaciendo su codicia y robando descaradamente nuestros recursos naturales.
El modelo neoliberal, impuesto hace tres décadas por la dictadura fujimorista, quedó al desnudo con los sucesivos escándalos de corrupción que comprometieron a la mayoría de los líderes políticos de la derecha, hoy presos, fugitivos, enjuiciados penalmente y aun suicidados, como el triste caso de Alan García. El COVID – 19 puso en evidencia, además, la precariedad de la sanidad, la educación y los servicios esenciales que brinda el Estado. La pandemia costó más de 200 mil muertos a nuestro sufrido pueblo.
Por esta crisis de fondo, la derecha unida en torno a la corrupta candidata Keiko Fujimori, la CONFIEP y la prensa corrupta, perdió las elecciones generales del 2021. El entonces desconocido sindicalista magisterial y maestro rural, Pedro Castillo, supo capitalizar el voto de protesta del Perú provinciano. Y la verdad es que hasta ahora los obtusos políticos de la extrema derecha peruana no aceptan ni entienden su derrota electoral.
El siniestro papel del Congreso
La extrema derecha enquistada en el Congreso ha protagonizado a lo largo de los últimos 15 meses una sistemática campaña para sabotear al gobierno y al presidente Castillo, exigiendo su vacancia, renuncia, suspensión o inhabilitación inmediatas. Han sacado a relucir su racismo racial y cultural, de tufo colonial, y sobre todo sus intereses económicos.
Están en juego varias decenas de grandes proyectos mineros que deberían aprobarse el próximo año, muchos de los cuales contaminarán las cuencas de agua y otros que carecen de licencia social. En pared con la gran minería juegan los latifundistas de la agroexportación, el gran empresariado pesquero sobre explotador y entreguista del mar de Grau, el club de la construcción.
La derecha plutocrática quiere que nada cambie, que no se afecten sus intereses. Apuesta por el modelo extractivista neoliberal para satisfacer su codicia a costa de mayores desigualdades sociales, hambre, miseria, desnutrición y extrema pobreza de la mayoría de peruanos y peruanas.
El Congreso es el principal instrumento político en la lucha contra Pedro Castillo. Ha encarpetado los proyectos de ley del Ejecutivo. Se ha empeñado en reformar la constitución para crear una suerte de dictadura parlamentaria. Los congresistas, con escasas excepciones, son lobistas corruptos elegidos por seudo partidos de alquiler.
La responsabilidad de la izquierda
Es inocultable que los resultados de las recientes elecciones regionales y municipales han mostrado las serias limitaciones políticas y organizativas de los distintos grupos de la izquierda peruana, víctimas de la inoperancia, el oportunismo de derecha, el divisionismo y la cortedad de miras.
Ante la agudización de la crisis política en el país algunos sectores de la izquierda se han situado junto al pueblo, defendiendo sus intereses, mientras que otros se han puesto en balcón, esperando las siguientes elecciones, o, peor aún, coqueteando o entregándose en brazos de la campaña golpista.
Al parecer hay quienes en la izquierda no comprenden que, de triunfar los designios golpistas de la extrema derecha contra el gobierno de Pedro Castillo, esto sería también una enorme derrota popular. Porque la extrema derecha sabe que sus oscuros candidatos van a perder siempre frente al descontento y la protesta del pueblo. Ya no cree en la democracia ni en el voto popular. Ahora quiere imponernos una dictadura seudo – legal que cierre el paso a las candidaturas de la izquierda popular y a todo intento de cambio social, económico y político que afecte sus intereses.
Se acerca la batalla decisiva
Es cierto que el gobierno de Pedro Castillo es frágil, débil, con muchos errores y contradicciones. Ha adolecido de signos de corrupción en su entorno inmediato, sobre los que la derecha y la prensa han montado su campaña de demolición y vacancia. Este gobierno ha abandonado hace tiempo el programa de izquierda con que ganó la segunda vuelta. Ha repartido ministerios y altos cargos entre diversas fuerzas políticas para intentar sobrevivir a toda costa.
Con la tramposa denuncia constitucional contra Pedro Castillo efectuada por la Fiscal de la Nación Patricia Benavides, la derecha y su coro mediático anuncian que el presidente tiene sus días contados. El Congreso tendría la oportunidad de vacar al presidente. En este contexto se producirá en los próximos días la visita de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que el gobierno ha apelado para contener las intenciones de la derecha.
Acabamos de ser testigos de cómo la derecha ha fracasado en su convocatoria de una contundente movilización de masas a escala nacional por la vacancia de Pedro Castillo. Las manifestaciones en Lima y provincias, el sábado 5, fueron menores a las organizadas por los mismos golpistas en otros momentos.
A rechazar el golpismo en las calles
En esta hora decisiva no puede haber dudas ni medias tintas en el campo popular. Debemos movilizarnos en todos los confines del país para rechazar contundentemente los planes de la derecha golpista y fascista. Los peruanos y peruanas de todas las sangres tenemos que unirnos para defender nuestra patria y un futuro mejor frente a las garras de la corrupción. Reivindiquemos el voto popular que respaldó al presidente Castillo y exijamos enérgicamente que el gobierno no traicione sus promesas electorales. Es vital avanzar hacia una nueva Constitución del pueblo y para el pueblo.
Con el espíritu indomable de los grandes peruanos que han forjado nuestra patria, desde Túpac Amaru II y Micaela Bastidas, hasta José Carlos Mariátegui y Luis de la Puente Uceda, movilicémonos este 10 de Noviembre en todo el país en una gran jornada de lucha y de victorias. No hay otra opción.
Lima, 9 de noviembre, 2022




